La equilibrista mueve su sombrilla
y su pie aletea sabiamente hacia adelante
y hacia atrás,ocico de luna dentro de su zapatilla
con lentejuelas.
Nadie sabe en las gradas
de sus ojos ahumados porque su amor ha muerto.
Y ella piensa,mientras los tambores
suenan lejanos desde el foso,
a que regiones de trampa puede llevar
el dolor,
cuando la misma ceremonia de homenaje
ha de cumplirse
tanto si adelanta el pie sobre la cuerda
porque la vida espera
o si se deja caer,burbuja de color,
con la sombrilla cerrada como paracaídas inútil,
a un oscuro suelo,a su compasión.
Paulina Vinderman
y su pie aletea sabiamente hacia adelante
y hacia atrás,ocico de luna dentro de su zapatilla
con lentejuelas.
Nadie sabe en las gradas
de sus ojos ahumados porque su amor ha muerto.
Y ella piensa,mientras los tambores
suenan lejanos desde el foso,
a que regiones de trampa puede llevar
el dolor,
cuando la misma ceremonia de homenaje
ha de cumplirse
tanto si adelanta el pie sobre la cuerda
porque la vida espera
o si se deja caer,burbuja de color,
con la sombrilla cerrada como paracaídas inútil,
a un oscuro suelo,a su compasión.
Paulina Vinderman