El tiempo fue pasando y Gumersindo cuidaba todos los días de sacar el "pescado" del agua primero un rato, después una hora o dos, después más tiempo aún. La fue criando guacha y le fue enseñando a respirar y a comer como cristiano. ¡Y tragaba la tararira! Como un cristiano de la policía. El aire de Tero Pelado es bueno y la carne también, y así la tararira, criada como cordero guacho, se fue poniendo grande y fuerte.
Después ya no hacía falta ponerla en el agua y aprendió a andar por la comisaría, a cebar mate, a tener despierto al imaginaria y hasta escribir prontuarios. En lo que resultó muy sobresaliente fue en los interrogatorios; muy delicada para preguntar, sobre todo a las damas, como miembro de comisión investigadora: "¿Cuántas bombachas tenés?" Igualito que otros.
Gumersindo Zapata lo sabía sacar de paseo, en ancas, a la caída de la tarde.
Esa fue la desgracia.
Porque una ocasión, cuando iban cruzando el puente sobre el arroyo de la Cruz, la pobrecita tararira se resbaló del anca y se cayó al agua.
Y es claro. Se ahogó.
Que es lo que le pasa a todos los pescados que dedicados a otra cosa que ser pescado se olvidan que tienen que ser eso: buenos pescados. Cosa que de por sí demanda mucha responsabilidad.
Esa fue la desgracia.
Porque una ocasión, cuando iban cruzando el puente sobre el arroyo de la Cruz, la pobrecita tararira se resbaló del anca y se cayó al agua.
Y es claro. Se ahogó.
Que es lo que le pasa a todos los pescados que dedicados a otra cosa que ser pescado se olvidan que tienen que ser eso: buenos pescados. Cosa que de por sí demanda mucha responsabilidad.
Arturo Jauretche nació el 13 de noviembre de 1901 en Lincoln, un pueblo de la provincia de Buenos
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